lunes, 9 de mayo de 2011

La OTAN dejó morir de hambre y de sed a 61 inmigrantes que huían de Libia hacia Lampedusa

Aviones europeos y de la OTAN contactaron visualmente con ellos, los sobrevolaron e incluso un helicóptero les hizo llegar algunas botellas de agua y algo de comida, pero nadie se hizo cargo de ellos. La guardia costera italiana también estaba avisada, pero tampoco se movilizó para ayudarles. 61 inmigrantes africanos (etíopes, nigerianos, eritreos, sudaneses y ghaneses), entre los que había una veintena de mujeres y dos niños de corta edad, uno de ellos de un año, murieron de hambre y sed en el mar, abandonados a su suerte, después de permanecer a la deriva durante más de 16 días, cuando intentaban llegar a Lampedusa desde Trípoli.


Según recoge el diario británico The Guardian, que ha iniciado una investigación sobre el caso, los inmigrantes habían salido de Trípoli el 25 de marzo. 18 horas después su embarcación empezó a perder combustible y comenzaron a navegar a la deriva. Gracias a un teléfono contactaron con un sacerdote eritreo en Roma, el padre Moses Zerai, que dirige la organización para los derechos de los refugiados Habeshia y que alertó a las autoridades italianas y al servicio costero. Le prometieron ayuda.
Los supervivientes hablan de que un helicóptero militar con la palabra Navy impresa llegó hasta ellos. Los militares les bajaron algunas botellas de agua y paquetes de galletas y les dijeron que alguien vendría a rescatarles. El agua y la comida quedó racionada y reservada para los niños, que fueron alimentados incluso cuando sus padres ya habían muerto de hambre y sed; pero el tiempo pasaba y nadie venía con la ayuda prometida. Los niños murieron a los pocos días.


“Cada mañana, al despertarnos, encontrábamos más cadáveres, que dejábamos a bordo veinticuatro horas antes de arrojarlos al mar”, relató al periódico Abu Kurke, uno de los supervivientes.

A la vista de un portaaviones


Después del helicóptero que, según The Guardian, ningún país ha reconocido haber enviado, sobre el 29 ó el 30 de marzo llegaron... 
dos aviones desde un portaaviones de la OTAN que realizaba maniobras cerca de la embarcación, probablemente el barco francés Charles de Gaulle, aunque Francia, en principio lo negó, y luego ha guardado silencio. Los aviones sobrevolaron la embarcación, pero se fueron.



A partir de ahí no volvieron a contactar con nadie y los inmigrantes quedaron abandonados a su suerte hasta que el 10 de abril, 11 supervivientes arribaron a las costa libia de Zlitan, cerca de Misrata. Dos de ellos murieron poco después, uno prácticamente al tocar tierra y otro en la cárcel, donde las fuerzas de Gadafi llevaron a los supervivientes y los mantuvieron encerrados durante 4 días.


Obligados por el derecho marítimo

El derecho marítimo internacional obliga a todos los buques, incluidos los militares, a atender las llamadas de socorro de los barcos que se encuentran en las proximidades y a prestar auxilio.
Las organizaciones defensoras de los derechos de los refugiados han exigido una investigación de lo ocurrido y la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) han solicitado mayor cooperación para salvar vidas entre los buques comerciales y militares que surcan las aguas del Mediterráneo.


“El Mediterráneo no puede convertirse en algo así como el Lejano Oeste. Quienes se abstienen de rescatar a las personas en peligro en esas aguas tienen que ser castigados”, dijo Laura Boldrini, portavoz de ACNUR.
“Ha habido una abdicación de responsabilidad que ha resultado en la muerte de más de sesenta personas, niños incluidos. Ello constituye un crimen, un crimen que no puede quedar impune sólo porque se trataba de inmigrantes africanos y no de turistas de un crucero“, denunció el padre Moses Zerai, con quienes los inmigrantes dejaron de tener contacto cuando se les acabó la batería del móvil.

Fuente :   20  Minutos

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